11 mayo 2006

Amores que matan

Finalmente se ha producido. Pascual Maragall ha decidido destituir a los consellers de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) por la decisión del grupo de hacer campaña por el "no" en el Referéndum sobre el Proyecto de Reforma del Estatuto de Autonomía de Catalunya.

La decisión del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) es acertada. Resultaría de una incoherencia fatal que el gobierno mantuviese dos posiciones antagónicas ante el Referéndum, por lo que la expulsión de los consellers estaba practicamente cantada, y con esto, la disolución del gobierno tripartito de la Generalitat. Las elecciones se convocarán para finales del presente año, con la duda si Maragall será, de nuevo, el candidato del PSC.

La historia del tripartito ha sido breve e intensa. Pese a encontrar ciertas similitudes en la aplicación de las políticas y en la promulgación de leyes, algunos encontronazos han turbado esta curiosa historia de amor. Es cierto que la gran mayoría se pueden vincular a una cierta inexperiencia en el gobierno de ERC, que en ciertos momentos parecía olvidar las responsabilidades que esta tasca implica (baste mencionar alguna visita en coche oficial a los paisajes vasco-franceses), pero siendo sinceros, ninguna de estas aventuras montañesas fue lo suficientemente grave para disolver una aventura que prometía emociones desde sus inicios.

El siguiente reto del Govern será la aprovación del nuevo EAC, el principal objetivo que los tres grupos tenían en mente cuando decidieron el Pacto del Tinell. El Referéndum se promete duro y, aunque previsiblemente afirmativo, el nivel de enfrentamiento partidista será alto. Desde la negativa intransigente del PP, pasando por las dudas de ERC y el abierto soporte de CiU y PSC, encontraremos dos semanas de intensísima campaña (pre)electoral.

El resultado del Referéndum lo decidirá todo. Catalunya debe ser consciente de lo que realmente se está jugando. Como ya dije en un post anterior, el EAC aportará el nivel más alto de autogobierno que jamás hemos conocido, y será difícil que se repita una nueva ocasión como la que hemos dispuesto (y aprovechado) en los últimos años. Tenemos una oportunidad única, no podemos dejar que el ataque de cuernitis que ERC sufrió cuando el Partido Socialista y CiU cerraron el acuerdo que todos deseamos frustre una ley que regirá la vida de toda una generación.

10 mayo 2006

Irán (et vis repetita)

Ahmadineyad, aunque en calidad de mero portavoz del gobierno iraní, se ha convertido en el político de moda en el panorama internacional. La escalada de tensión a la que asistimos después de que la Unión Europea (UE) y la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) presentase la reclamación al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre el programa de enriquecimiento de uranio iraní está llegando al que parece su clímax.

Hoy por hoy no podemos aventurar nada sobre el destino final del programa nuclear, puesto que existen profundas divergencias en las posiciones de los miembros del Consejo de Seguridad. De un lado aparece Estados Unidos, Inglaterra y Francia; que parecen abiertamente favorables a la imposición de sanciones immediatas, mientras que en el reverso se encuentran Rusia y China, mucho más reticentes a las sanciones, y que apuestan por la senda diplomática.

No parece una aventura descabellada vincular la posición de China a su enorme y creciente demanda de combustible, del que Irán es su principal proveedor (no en vano se ratificó un tratado internacional entre ambos Estados en verano de 2004, por una cuantía de cientos de millones de dólares). En Rusia encontramos otra sombra económica, que muy bién justifica la opción diplomática. Así, existen varios convenios entre ambos países, destacando un contrato armamentístico de finales de 2005 y el hecho que la tecnología con la que se está desarrollando el programa iraní es de procedencia rusa.

La posición de Rusia y China, por unas u otras razones, bloquea la imposición de sanciones por parte de las Naciones Unidas. En cualquier momento pueden hacer uso del derecho de veto a una teórica resolución, a una parte o incluso rechazar el orden del día de la sesión en que se tenga que discutir. Es decir, sin un drástico cambio de opinión por parte de estos Estados, no habrá sanciones económicas para Irán, con lo que se proseguirá el camino de la diplomacia.

Irán está ya enriqueciendo uranio. Las últimas notícias hablan de cotas inferiores al 10% requerido para la consecución de la Bomba, pero la OIEA ya ha informado que la tecnología está disponible y que se trata de una cuestión de tiempo. Probablemente Irán consiga disoner de tecnología nuclear ofensiva antes de final del presente año, puesto que ya disponen de los vectores de lanzamiento requeridos. La tasca diplomática posiblemente lleve más tiempo que eso.

Ante esta nueva situación, el próximo debate radicará en la legitimidad del Status Quo internacional. El debate girará en estos términos: ¿Puede un Estado, o una coalición de Estados, en virtud de su victoria en la Segunda Guerra Mundial y al hecho de haber sido los primeros en desarrollar la bomba nuclear imponer a otros Estados soberanos la renuncia a tal armamento?

El Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) se firmó en 1968, y hoy está ratificado por 189 Estados, Irán inclusive. Este documento impide la proliferación horizontal y vertical (es decir, evita el desarrollo de más potencia destructiva y niega que más Estados desarrollen tal capacidad), pero no hay duda que los primeros transgresores son los mismos promotores (EUA, UK, URSS-RUS, CHI y FRA), por lo que parece ilegítimo que quieran imponer a otros soberanos lo que ellos mismos incumplen.

La crisis precisa ya de una solución urgente. Hay una clarísima correlación positiva entre la tensión (fácilmente medible por el número de apariciones en prensa del conflicto) y el precio del carburante. A más tensión en Irán, más caro es el petróleo. En una época en la que ya hemos multiplicado por 3 los precios de las crisis de los '70; ¿No acabará siendo más barato aceptar que otro Estado disponga de la Bomba?

09 mayo 2006

Nacionalizaciones

El último episodio del "culebrón político sudamericano" ha resultado ser la nacionalización de las explotaciones de gas en Bolivia. No cabe duda que la mano de Castro y de Chávez andan tras la decisión de Morales, pero hay que tener en cuenta que hay otros elementos tras la polémica.

El retorno a las tesis intervencionistas parece pertenecer al pasado. Las directivas de la economía global actual sugieren que la mejor administración o explotación de cualquier recurso se encuentran en las manos privadas. El Estado ha demostrado ser habitualmente incapaz de llevar a cabo una gestión óptima cuando se encuentra con disponibilidad amplia de recursos, más si cabe cuando existen dudas (justificadas o no) sobre la capacidad técnica de los especialistas estatales.

Es posible que Evo Morales haya tenido en cuenta este aspecto. También es posible que haya juzgado plenamente dotados a sus técnicos, e incluso es posible que prevea utilizar los técnicos de las empresas privadas que aún operan en Bolivia. Todo esto, pero, son meras conjeturas. Lo que no es una conjetura es qué se está manifestando con estas nacionalizaciones: la desesperanza de un pueblo que vive sumido en la miseria, que se siente desposeido por lo que se llama la globalización y que ha colocado en la utopía ulta-intervencionista su última esperanza.

Si Morales será capaz de revertir los beneficios obtenidos por el gas en la formación de capital humano, nadie lo sabe. Tampoco se puede saber si sufrirá la habitual superinflación que suelen contraer los gobiernos que limitan la intervención privada, y por supuesto, tampoco se puede saber qué van a hacer las naciones que saltarán tras las empresas desposeidas de sus millonarias inversiones o los mismos inversores internacionales que pudiesen venir o dejar de hacerlo.

Morales debe buscar el equilibrio en su política económica, y utilizar los recursos que obtenga para mejorar la situación de su pueblo. Si lo logra, todos saldremos beneficiados. Si no lo logra, Bolivia vivirá su última crisis.

Cuando los extremos se tocan

El "no" de ERC al proyecto de reforma del Estatuto de Autonomía de Catalunya (EAC) ha devenido en una nueva discusión interna en el gobierno de la Generalitat de Catalunya, que parece amenazar con un anticipado final de la legislatura. La posición del PSC es natural, pues resulta ilógico mantener un gobierno con dos posturas tan radicalmente opuestas ante un referéndum que se anuncia crucial para el devenir de Catalunya.

Por qué ERC dice no a un proyecto que en último término ha sido concebido sobre la base de sus convicciones políticas? La dirección del partido opinó que la mejor opción era la abstención, pues observó que el nuevo EAC conlleva avances tangibles en el autogobierno, cristaliza la cooperación entre la Generalitat y el estado en la formación de la opinión, abre la puerta a las selecciones nacionales, confirma la Generalitat como verdadero garante de la promoción de la cultura catalana a nivel internacional, reconoce la realidad diferenciada catalana, concede nuevos derechos a los ciudadanos de Catalunya... y un largo etcétera.

Así, la postura de la dirección republicana era meramente simbólica, una protesta por la no inclusión textual del término "nación" en el articulado, substituido por el menos llamativo "nacionalidad", aunque de contenido idéntico. Era una abstención simbólica y meramente condicional, que las bases asamblearias del partido se encargaron de hundir. Se suele decir que las bases de un partido son más radicales que su dirección, y a fe que esta ocasión lo ha demostrado ampliamente, para meter a la dirección de ERC en una situación que nunca hubiesen deseado: el juego del PP.

El nuevo EAC cuenta ahora con dos enemigos. El PP se ha encontrado con el aliado menos esperado, pero se encargarán de adjudicarse buena parte de los votos contrarios que del referéndum se obtengan y intentará reforzar su posición merced a éstos. ERC deberá hacer campaña en contra de sus convicciones, reivindicando dar dos pasos en lugar de uno, intentando olvidar que la avaricia rompe el saco.

Éste no es un Estatuto que consolida a Catalunya como nación. Es cierto y es algo que a muchos nos ha decepcionado; pero es una ley que recupera el espíritu federal de la Constitución del 78 que tantos estudiosos han reivindicado. Es una ley que lleva el autogobierno de Catalunya al nivel más alto que jamás ha dispuesto, y que bloquea la posibilidad de ser menostenidos por el Estado, como ya ocurrió en legislaturas afortunadamente pasadas.

El no a la reforma es una negación del avance de Catalunya, es una actitud imprudente y que traerá tremendas y negativas consecuencias en un futuro próximo. Debemos recapacitar y ser prudentes. Hay enormes avances para Catalunya en esta ley. ¿Realmente queremos rechazarlos?


Nota: el link porta al resum oficial del text. Per veure el projecte complert enviat al Senat, feu click aquí. Para la versión en Castellano, haga click aquí.

03 marzo 2006

La neolengua

Sobre G. Orwell se pueden decir muchas cosas, pero si una es cierta es que estamos ante uno de los mejores novelistas de todos los tiempos. 1984 es una de las más altas cimas de la literatura, una de esas obras imprescindibles en toda biblioteca de lector apasionado, esporádico o excepcional.

Resulta curioso como algunas de sus fatídicas previsiones ultradictatoriales han cristalizado lejos del ambiente que él creó. Me refiero a lo que él llamo la neolengua, que en caso extremo sería hacer desaparecer aquellas palabras que no nos interesan del ideario público. Para Orwell estas palabras serían algo como libertad o amor, términos que por medio de un depurado procedimiento funcionarial se convertirían en meros instrumentos del régimen.

Sorprendentemente, en nuestras democráticas sociedades ha nacido también una neolengua. No es una que borre partes de los significados de los términos, ya que eso era inviable, e incluso simplista. Nuestra sociedad ha desarrollado una combinación entre la neolengua y el doblepensar, otro término no menos terrible.

Lo más curioso del caso es que tales términos se han desarrollado en la parte del espectro que no dispone de poder administrativo, el elemento que Orwell creyó clave, sinó que se ha centrado en su poder mediático: cadenas de televisión, radio y prensa han facilitado la construcción de un nuevo entramado lógico que pretende encerrar al ciudadano en la más dura agonía.

No hace mucho, algún líder de algún partido opositor más que de oposición (ya sabe el lector que me refiero a un barbudo gallego) ha demostrado sus grandes dotes en tal arte. Desde luego, hay que felicitarle, puesto que debe ser el líder perfecto de un partido que dispone de la mentira y el insulto como única estrategia de su único juego político.

No voy a entrar en innumerables detalles de tal falsedad lingüística, pero remarcaré la última estelar aparición:

A ETA hay que derrotarla democráticamente


Reconozco que me llegó al corazón oir a Rajoy hablar de democracia: diálogo, negociación, comprensión, respeto... la verdad creí que eran ideas inexistentes en su concepción política. Luego (unos tres segundos después) pensé en la neolengua popular y su idea de la democracia, así que me animé a buscar la traducción y el verdadero significado de tal frase:

A ETA hay que derrotarla con la fuerza de las armas

Y, de nuevo, sentí una terrible pesadumbre. Porque lo que eso significa es:

A ETA hay que mantenerla con la fuerza de las armas

Piense usted, amigo lector, si sin diálogo se puede terminar con tal lacra. Piense usted, amigo lector, si el Partido Popular está realmente interesado en el final de la violencia.... Le gustan demasiado los votos, y sabe que la tensión favorece su doblediscurso.