Publico aquest post en resposta a l'aportació de Catalunya Online a l'article La amenaza china. Comparteixo amb tu que la direcció que han d'empendre els productors europeus enfront la competència xinesa té certs efectes positius per al consumidor, ja que es poden obtenir productes en millors condicions, entenent aquestes com una millor relació qualitat preu.
Hi ha però, elements que queden fora de l'anàlisi. En primer lloc, caldria parlar sobre els costos que suposa per a una economia l'especialització. La teoria clàssica ens mostra com aquest és el camí per a millorar la qualitat de vida de les persones, però també adverteix sobre "els que perden" en el comerç internacional i sobre l'empitjorament de la situació a curt i mig termini per aquests perdedors. En termes econòmics, podríem anomenar-los aquests "costos de transició". Serien tots aquells que es donarien en el termini que aniria des de l'alçament de mesures restrictives fins a la configuració i estabilització del nous productors especialitzats.
Així doncs, la ciència econòmica ens mostra el camí cap a millors condicions, però ens exigeix sacrificis a curt termini. La gran pregunta, doncs, és: podem assumir aquests sacrificis/costos a canvi de la promesa de millora? Observem la situació. En el cas del tèxtil, els nostres costos serien la quebra d'empreses i el conseqüent increment de l'atur, a més a més, en unes xifres molt considerables, donada la importància del sector en el nostre país. Seria assumible, per qualsevol govern democràticament revocable, el fet de fer front a aquesta crisi?
A més a més, cal tenir en compte la capacitat d'una economia d'especialitzarse. És possible que les unitats econòmiques no tinguin una fàcil adaptació a les noves característiques. En tot cas, resulta lògic imaginar les enormes dificultats que una operació d'aquesta mida suposaria, despit de les transferències massives de recursos d'una part de la societat a una altra, una veritable crisi social.
Per aconseguir superar l'issue necessitaríem d'un pacte nacional que garanteixi l'estabilitat del govern enfront la greu crisi econòmica, quei l'oposició es comprometès a no aprofitar-ho en termes electorals i que, a més a més, fos capaç de dur a terme una tasca pedagògica i social que fos capaç de tirar endavant la situació.
Actualment, per desgràcia, no disposem de cap d'aquests requeriments. Darrere d'aquesta incapacitat refromadora trobem les arrels profundes del nostre sistema polític, ens trobem davant d'un bloqueig que té els orígens en la feblesa de les democràcies liberals. És el propi sistema democràtic representatiu i la lògica de partits el que impedeix dur a terme accions radicals en l'àmbit econòmic, reformes que, en canvi, sí que pot dur a terme un règim totalitari com és el Xinès.
23 enero 2006
Como siempre, se va a destruir España
Sólo ha habido dos fuerzas políticas que han considerado el acuerdo como negativo: ERC y PP. Evidentemente, sus motivaciones son contrarias. Mientras que para ERC el acuerdo es inaceptable por nímio, para el PP se trata de una nueva forma anticonstitucional que va a destruir el estado español. Si el proyecto queda cómo se ha acordado durante el fin de semana, parece que ERC hará campaña por el no en el referéndum. El PP hará campaña por el no en cualquier caso.
Está claro que lo aceptable para ERC hubiese sido una aceptación sin condiciones del documento surgido del Parlamento de Catalunya en septiembre. La inviabilidad de la opción, pero, era ya evidente desde su articulado inicial. La preceptividad pactista implicaba el acercamiento de posturas por un lado y otro, y esto se ha logrado satisfactoriamente. Así pues, la aproximación de las posturas socialistas i de la burguesía catalana garantizan la aprovación en los trámites parlamentarios.
La otra cara de la moneda es, cómo siempre, el PP. Ya ha aparecido el "halcón Zaplana" criticando la constitucionalidad del acuerdo. Sinceramente, no creo que haya leído el nuevo articulado propuesto. De hecho, no creo que haya leído tan sólo el artículado de la propuesta incial. En la línea del partido, pronto volverán los apologistas de la destrucción de España y los pedigüeños del voto descontento.
De momento parece que estas instituciones fundamentales continúan igual que en el pasado. Dentro de diez años continuarán igual. Eso es lo malo de forjar el imperio de la mentira: las conclusiones que se extraen son equivocadas. Pero no nos engañemos, la élite del PP es consciente que nada va a ir a peor.
Entonces, ¿por qué quieren engañarnos a todos?
Naciones y estatutos
No hay duda que el gran debate de la actualidad española se centra en la naturaleza nacional del estado. El anterior proyecto de Estatuto de Autonomia Vasco y el actual de Catalunya así lo han demostrado. Es cierto que el proyecto vasco cometía el error de la electoralidad y, en cierto modo, el oportunismo político. Antes de nada quiero puntualizar que el Plan Ibarretxe cometió el error (terrible) de ser presentado en un momento de enorme crispación política y en un marco pre-electoral, por lo que resultaba obvio que no podría prosperar. Incluso el contenido resultaba realmente vacío: sólo planteaba diferencias conceptuales que poco podían aportar a la autonomía vasca. No estoy diciendo con eso que mi opinión personal esté en contra de dicho proyecto, sino que considero que su motivación fue electoral, no intrínsecamente nacional ni de origen parlamentario consensuado, condición imprescindible para cualquier aspiración de proyecto reformista de una ley fundamental, cómo un EA.
Por su origen y contexto político, el Plan Ibarretxe pudo ser facilmente rechazado por las Cortes. Sin duda, el PNV era completamente consciente del desenlace final desde el principio: ni contaba con el consenso del parlamento vasco ni disponía de los necesarios apoyos en Madrid, el problema no era su contenido. En cambio, el proyecto de Autonomia de Catalunya procede de un amplísimo consenso en Barcelona y dispone de un pacto de gobierno en Madrid que garantizan, en principio, el trámite parlamentario. Eso tampoco significa una garantía de aprovación, como ya ha manifestado el Congreso y algún ministro con una primera contrapropuesta (a mi parecer inaceptable por Catalunya), pero no quiero centrar la reflexión en este tema, y lo pospongo para próximas publicaciones.
El centro del debate social radica en el concepto de Nación, reflejado en el artículo 1 del proyecto EAC. Veamos las opiniones contrarias: se habla de la única nación española y se alega el artículo 2 CE78, sobre la indisoluble unidad de la nación. Creo que en este aspecto se cometen dos errores de partida: en primer lugar, se confunden los conceptos Nación y Estado. Desgraciadamente, los padres de la constitución cometieron este gravísimo error, incluyendo reforzado por una concepción absolutamente conservadora y de orígen franquista de la definición "Nación" en lugar del concepto mucho más apropiado de "Estado".
Nación aparece en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, con una definición basada en la óptica institucionalista, es decir, que nación se identifica con un conjunto de instituciones que estructuran el estado, como serían las fronteras o el gobierno. El caso antitético aparece en el Diccionari General de la Llengua Catalana, en el que Nació se identifica con la existencia de una cultura diferenciada, una lengua propia, unas tradiciones e incluso la existencia de diferencias religiosas; a la vez que identifica estat en analogía con el concepto nación de la Real Academia. La incompatibilidad de las nociones afecta pues al concepto de Estado.
En base a estas previsiones conceptuales, resulta evidente que Catalunya no es una nación en términos Castellanos, pero sí lo es en términos Catalanes. En este sentido, creo que una traducción del art. 1 EAC en forma de "Catalunya es un país" hubiese supuesto, por definición conceptual, mayores posibilidades de acuerdo en el conflictivo artículo, ya que el contenido circula en paralelo en un y otro diccionario. Lamentablemente esta traducción sería inasumible para los partidos catalanistas, por el muy inferior contenido simbólico que conlleva.
El segundo error que se comete es la lectura incompleta del Art.2 CE78, que reconoce la existencia de nacionalidades. El concepto Nacionalidad es artificial, y se crea con la Constitución, pero su signficado es:
Condición y carácter peculiar de los pueblos y habitantes de una nación.
es decir, que nacionalidad implica nación. Por lo tanto, la Constitución Española reconoce la existencia de varias naciones en España. Igualmente, el diccionario catalán lo vincula a términos parecidos. En resumen, el discutido Artículo 1 del proyecto EAC no sólo no es inconstitucional, sinó que responde plenamente al contenido del Art. 2 CE78. Así, la discusión jurídica no tiene sentido.
España no es un Estado uninacional sinó que es un Estado formado por varias naciones. Olvidar esto es la forma más vil de traición: se socavan identidades que son verdadera riqueza de España, alejando comunidades de un sentimiento de unión y, en definitiva, sembrando la destrucción del estado mientras se acusa a otros de hacerlo. Mal camino han tomado las cosas. Difícilmente un catalán se identificará con España si el estado no le garantiza la protección de su propia identidad diferenciada. Dificilmente un vasco se sentirá español si eso significa sentirse castellano. De hecho, la única forma de lograr que un ciudadano se identifique con un estado es que sienta que el estado se preocupa de su naturaleza.
¿Sería pues la solución una Federación Española de Naciones? Quién sabe. Eso sólo el tiempo lo dirá.
Con esto acabo la exposición, pero no quiero irme sin remarcar que muchos alegarán que el concepto nación no es el único que genera conflictividad, y les doy totalmente la razón. Les diré que el resto de artículos, pero, no son los que generan una mobilización brutal y agresiva de las fuerzas más conservadoras, como los cientos de carteles pegados por Madrid por Falange, o el bloqueo a los productos catalanes. Desgraciadamente, el ciudadano se centra en los aspectos terminológicos más llamativos, y en este Estado tenemos demasiados políticos que gustan de clamar por la destrucción de España. He ahí el problema.
Por su origen y contexto político, el Plan Ibarretxe pudo ser facilmente rechazado por las Cortes. Sin duda, el PNV era completamente consciente del desenlace final desde el principio: ni contaba con el consenso del parlamento vasco ni disponía de los necesarios apoyos en Madrid, el problema no era su contenido. En cambio, el proyecto de Autonomia de Catalunya procede de un amplísimo consenso en Barcelona y dispone de un pacto de gobierno en Madrid que garantizan, en principio, el trámite parlamentario. Eso tampoco significa una garantía de aprovación, como ya ha manifestado el Congreso y algún ministro con una primera contrapropuesta (a mi parecer inaceptable por Catalunya), pero no quiero centrar la reflexión en este tema, y lo pospongo para próximas publicaciones.
El centro del debate social radica en el concepto de Nación, reflejado en el artículo 1 del proyecto EAC. Veamos las opiniones contrarias: se habla de la única nación española y se alega el artículo 2 CE78, sobre la indisoluble unidad de la nación. Creo que en este aspecto se cometen dos errores de partida: en primer lugar, se confunden los conceptos Nación y Estado. Desgraciadamente, los padres de la constitución cometieron este gravísimo error, incluyendo reforzado por una concepción absolutamente conservadora y de orígen franquista de la definición "Nación" en lugar del concepto mucho más apropiado de "Estado".
Nación aparece en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, con una definición basada en la óptica institucionalista, es decir, que nación se identifica con un conjunto de instituciones que estructuran el estado, como serían las fronteras o el gobierno. El caso antitético aparece en el Diccionari General de la Llengua Catalana, en el que Nació se identifica con la existencia de una cultura diferenciada, una lengua propia, unas tradiciones e incluso la existencia de diferencias religiosas; a la vez que identifica estat en analogía con el concepto nación de la Real Academia. La incompatibilidad de las nociones afecta pues al concepto de Estado.
En base a estas previsiones conceptuales, resulta evidente que Catalunya no es una nación en términos Castellanos, pero sí lo es en términos Catalanes. En este sentido, creo que una traducción del art. 1 EAC en forma de "Catalunya es un país" hubiese supuesto, por definición conceptual, mayores posibilidades de acuerdo en el conflictivo artículo, ya que el contenido circula en paralelo en un y otro diccionario. Lamentablemente esta traducción sería inasumible para los partidos catalanistas, por el muy inferior contenido simbólico que conlleva.
El segundo error que se comete es la lectura incompleta del Art.2 CE78, que reconoce la existencia de nacionalidades. El concepto Nacionalidad es artificial, y se crea con la Constitución, pero su signficado es:
Condición y carácter peculiar de los pueblos y habitantes de una nación.
es decir, que nacionalidad implica nación. Por lo tanto, la Constitución Española reconoce la existencia de varias naciones en España. Igualmente, el diccionario catalán lo vincula a términos parecidos. En resumen, el discutido Artículo 1 del proyecto EAC no sólo no es inconstitucional, sinó que responde plenamente al contenido del Art. 2 CE78. Así, la discusión jurídica no tiene sentido.
España no es un Estado uninacional sinó que es un Estado formado por varias naciones. Olvidar esto es la forma más vil de traición: se socavan identidades que son verdadera riqueza de España, alejando comunidades de un sentimiento de unión y, en definitiva, sembrando la destrucción del estado mientras se acusa a otros de hacerlo. Mal camino han tomado las cosas. Difícilmente un catalán se identificará con España si el estado no le garantiza la protección de su propia identidad diferenciada. Dificilmente un vasco se sentirá español si eso significa sentirse castellano. De hecho, la única forma de lograr que un ciudadano se identifique con un estado es que sienta que el estado se preocupa de su naturaleza.
¿Sería pues la solución una Federación Española de Naciones? Quién sabe. Eso sólo el tiempo lo dirá.
Con esto acabo la exposición, pero no quiero irme sin remarcar que muchos alegarán que el concepto nación no es el único que genera conflictividad, y les doy totalmente la razón. Les diré que el resto de artículos, pero, no son los que generan una mobilización brutal y agresiva de las fuerzas más conservadoras, como los cientos de carteles pegados por Madrid por Falange, o el bloqueo a los productos catalanes. Desgraciadamente, el ciudadano se centra en los aspectos terminológicos más llamativos, y en este Estado tenemos demasiados políticos que gustan de clamar por la destrucción de España. He ahí el problema.
21 enero 2006
La crítica situación de Oriente Medio
Después de la infame guerra del Golfo Pérsico, enmarcada en la "sacra campaña antiterrorista" de los Estados Unidos, la atención internacional se ha centrado en el desarrollo nuclear de Irán. El estado islámico ha declarado los fines energéticos de su programa, pero datos recientes han demostrado que se ha ocultado la existencia del mismo más de una década. De hecho, sólo las imágenes de los satélites (fué una sonda europea, y en particular una estación receptora situada en Madrid, la que detectó las evidencias del programa) han revelado al mundo las investigaciones iraníes.
Basado en tecnología rusa, la comunidad internacional ha cuestionado la intención civil del programa. Las múltiples y conflictivas declaraciones de M. Ahmadineyad, en las que ha manifestado textualmente la voluntad de hundir Israel bajo el mar, han sido interpretadas cómo una gravísima amenaza por la diplomacia israelí y las NNUU. Aunque algunos expertos consideran que las declaraciones pueden ser una mera llamada a la atención internacional, con intenciones de intercambiar ayuda económica o tecnológica por la supresión del programa internacional, la aparición de rastros de tritio y deuterio enriquecidos más allá del 70% parecen demostrar que no nos encontramos ante ninguna de las dos posibilidades, y constatan que hay una intención militar tras el programa.Para comprender la realidad de Irán hay que tener muy presente su naturaleza histórica. Nos encontramos ante un estado con raíces en la civilización persa, es decir, una cultura milenaria que dispuso de un imperio enorme. Eso implica que en su cultura cívica existe una conciencia que no va a arrodillarse ante la imposición internacional, lo que nos lleva a sospechar que sus amenazas no son mera palabrería electoralista.
Observemos cuál es la situación internacional, en particular lo referente al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. De los cinco miembros permanentes, encontramos a tres (EUA, UK y Francia) que parecen claramente opuestos al desarrollo del programa, sin condiciones. En el otro lado estaría Rusia y China. Rusia ha sido la proveedora del material que ha servido para desarrollar la tecnología, por lo que su diplomacia deberá defender el uso civil del mismo. De hecho, se han recibido esperanzadoras notícias acerca de la posibilidad que el uranio necesario para el proceso nuclear sea enriquecido por Moscú, manteniéndolo en los niveles seguros, es decir en aproximadamente un 5%. Eso garantizaría que no podría ser utilizado en armas nucleares. China es posiblemente el mayor de los problemas. Sus relaciones con Irán se basan en la importación de energía, principalmente petróleo y gas, lo que supone que para garantizar su aprovisionamiento (que por otro lado se basa en un contrato millonario firmado en agosto de 2004) defenderá una posición ambigua en el consejo.
Parece difícil que China imponga un veto ante una teórica resolución del Consejo, siempre y cuando eso no afecte a su aprovisionamiento. En todo caso, Irán ya ha empezado a retirar sus fondos de los bancos europeos, envíandolos (¿sorprendentemente?) al sur de Asia, ante la posible sanción internacional.
La peor situación imaginable es la de la intervención preventiva israelí en Irán. Las consecuencias de tal acto son inimaginables, pero terribles en todo caso. Las características geográficas y sociales del estado garantizarían una guerra terrible, que además arrastrarían a otros estados de la región, incrementaría la actividad terrorista en occidente y supondría unos costes humanos inasumibles. De éste escenario se deriva otro secundario: la respuesta con armamento nuclear por parte de Irán supondría la intervención militar abierta de los Estados Unidos, que a su vez podría arrastrar a sus aliados europeos. El caldo de cultivo implicaría una guerra de proporciones globales. No olvidemos que Irán dispone ya de los vectores de lanzamiento necesarios para atacar cualquier país de la región (la imagen muestra el misil Sahab-3, de medio alcance y capacidad nuclear) y que se están desarrollando nuevos programas de misiles Sahab-4 y Sahab-5 de los que se tiene poca información, pero que sin duda dispondrán de mayor alcance.En resumen, la situación en Oriente Medio es, hoy por hoy, crítica. La reacción internacional debe ser rápida, decidida y sin fisuras. Existen pruebas evidentes del incumpimiento del Tratado de No Proliferación Nuclear, ratificado por Irán. Si la acción internacional no surte efecto, podemos enfrentarnos a una situación crítica, insostenible a corto plazo. La posibilidad de una agresión a bases americanas en Irak o Kuwait o al propio Israel es totalmente factible a medio plazo, por lo que se deben tomar decisiones immediatamente que garanticen el retorno al status quo.
Armamento y Dilema del Prisionero
| raíz de una conversación casual mantenida en Lleida hace aproximadamente un mes, quiero plantear la cuestión de la carrera armamentística. Un tema que, desafortunadamente, está hoy de moda en nuestro estado, a raíz de ciertos negocios con Venezuela. No es mi intención criticar la venta de estos instrumentos a un estado agresivo con el actual orden mundial, ya que en mi opinión, si no se los vendiese España, se los vendería otro. Quiero reiterar una reflexión que nació de dicha conversación. Mi interlocutor, de postura pacifista y antiarmamentística, defensó la posibilidad del desarme, los peligros de la carrera armamentística, el enorme coste económico que ésta supone, y por consiguiente, los enormes beneficios que podría obtener una sociedad que invirtiese esos recursos en su propio desarrollo social. Me parece una postura muy respetable, por su alto contenido moral y la casi intachable lógica del propio discurso. Conscientemente he dicho casi. Por desgracia, el armamento no es una opción, sinó una obligación. Como diría un profesor de mi antigua licenciatura, no estamos ante un problema, sinó ante una limitación, entendiendo, muy acertadamente, que un problema es un ítem con solución: se pueden aplicar una serie de políticas que corrijan tan situación. Una limitación, en cambio, puede surgir por muy diferentes motivos. Uno de ellos es el llamado dilema del Prisionero: una situación básica de la teoría de juegos, en la que qualquier solución no basada en la repetición condenará siempre a los participantes a la peor situación social posible. El dilema se me antoja propicio para explicar la carrera armamentística: la situación óptima sería la cooperación mútua, en la que ambos estados no dispondrían de programa militar e invertirían los recursos en, por ejemplo, atención a mayores, educación, sanidad... y en la que ambos se sentirían plenamentes seguros, ya que nadie tiene armas. El resto de posibilidades no son tan halagüeñas. Supongamos que un estado decide cooperar, es decir, no invertir en programa militar, pero el otro sí lo hace: nos encontramos con un estado indefenso ante la posible agresión del otro, agresión que cuando se provocara implicaría el sucker pay-off, el agresor se llevaría todo el beneficio, y el agredido perdería su condición de estado. Evidentemente, ante tal peligro, los dos estados están obligados a no cooperar: se llega así a una situación no óptima, en la que ambos tienen unos costes menores que si aparece el sucker pay-off, pero que es una situación de Equilibrio Nashiano, en la que ambos se sienten moderadamente seguros, en base a su propio potencial militar, que es a su vez un elemento de disuasión para el otro. Resulta curioso como, a veces, las ciencias sociales tienen explicaciones simples para problemas complejos. Éste es un caso paradigmático, pero es un caso que se está dando cada día: estamos en una situación de equilibrio, que cómo ya apunté sólo puede modificarse con la repetición y la cooperación (es decir, la negociación y la confianza mútua). En el mundo de hoy, desgraciadamente, no existe ni una cosa ni la otra. ¡Qué enormes costes tiene para la humanidad la desconfianza! |
| |
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)